Su pensamiento defiende que la verdad no ha de buscarse en el mundo exterior por medio de los sentidos, sino reflexionando: No vayas fuera. Vuélvete hacia dentro de ti mismo. La verdad habita en el hombre interior.

San Agustín es el primer gran talento filosófico desde la filosofía griega clásica. Con su obra y con su considerable influencia en la Iglesia y en el pensamiento cristiano, San Agustín contribuyó en gran manera a afianzar la orientación platónica de la filosofía en los siglos siguientes.

Los primeros escritos de San Agustín están dedicados a combatir los errores que él mismo había seguido durante su juventud. Sus obras más importantes son las Confesiones, de carácter autobiográfico, Sobre la Trinidad y La ciudad de Dios.

La ciudad de Dios es la principal obra de San Agustín. Fue escrita para refutar la opinión de que la caída de Roma en poder de los godos de Alarico (año 410) había sido causada por la aceptación del cristianismo y por el abandono de los dioses del Imperio, que en castigo habían dejado a Roma desamparada en manos de los bárbaros. Agustín demuestra que ni el politeísmo popular ni la filosofía antigua fueron capaces de preservar el Imperio y dar la felicidad a sus habitantes, encarnada ésta en la Iglesia de Cristo.